Cuando Karen San Martín habla de danza, no lo hace sólo desde la técnica. Habla desde la experiencia, desde la formación rigurosa, pero también desde la pedagogía, la psicología y una convicción profunda: la danza tiene sentido cuando logra tocar la vida de quienes la practican. Esa mirada es la que hoy define su trabajo como profesora de la Escuela de Danza del Teatro Municipal José Böhr de Punta Arenas, un proyecto que, en pocos años, ha logrado instalarse con fuerza y proyección internacional desde el extremo sur del país.

Bailarina de formación y psicóloga de profesión, Karen llegó a Magallanes en un momento de inflexión vital. Su madre vivía en la región y lo que inicialmente sería una estadía transitoria terminó convirtiéndose en un arraigo definitivo. “Eran tiempos agitados, viajada de un lugar a otro. Pero, un día llegué a Punta Arenas y decidí quedarme”, recuerda. Desde ahí comenzó un camino intenso en creación, formación y gestión cultural, adjudicándose proyectos Fondart y desarrollando propuestas artísticas que cruzan memoria, cuerpo y territorio.

Su historia con la danza comenzó mucho antes, en Temuco, de la mano de quien reconoce como su primer gran maestro: Jaime Jory, Premio Nacional de Artes mención Danza 2009. Exiliado en Francia, formado y trabajado en Europa y Latinoamérica, Jory le mostró una danza con contenido, con conciencia social y profundidad expresiva. “Él me decía: ‘Karenina, la danza ya le dio sentido a tu vida’, y tenía razón”, cuenta. Ese cruce entre técnica y significado marcaría para siempre su forma de entender el movimiento.

Más tarde se especializó en Buenos Aires, en la Universidad Nacional de las Artes, donde obtuvo un postítulo en Tendencias Contemporáneas de la Danza. Paralelamente, se formó en pedagogía de la danza -incluyendo estudios en Brasil- y cursó la carrera de Psicología, convencida de que el aprendizaje corporal no puede separarse de los procesos emocionales y cognitivos. “La psicología tiene un campo enorme en la teoría del aprendizaje. Todo ese material después se transforma en creación”, explica.

Aunque su idea inicial era desarrollarse principalmente como intérprete, la docencia fue ganando espacio de manera natural. Y ese camino encontró un punto decisivo en Punta Arenas. En 2019, junto a Iván -su compañero y también artista- presentaron una propuesta para crear un ballet municipal, justo cuando el Teatro Municipal José Böhr estaba conformando sus elencos artísticos. La iniciativa fue bien recibida y así nació el Ballet del Teatro Municipal.

El siguiente paso llegó en 2022, cuando se autorizó la creación de la Escuela de Ballet Municipal, con una convocatoria que superó todas las expectativas: cerca de 30 niños y niñas se integraron al proyecto. Desde entonces, el trabajo ha sido constante, sistemático y exigente, apostando por una formación sólida, aun estando lejos de los grandes centros culturales del país.

Ese esfuerzo tuvo un reconocimiento clave durante 2025, cuando visitó Punta Arenas el Ballet Juvenil del Teatro Municipal de Santiago. En el marco de una clase abierta, la directora de la Escuela de Ballet del Teatro Municipal de Santiago, Macarena Montecino, quedó impactada por el nivel técnico y formativo de las alumnas magallánicas. A partir de esa instancia, se abrió una posibilidad inédita: postular al Curso Internacional de Verano de la Ópera de París, en el marco del convenio que mantiene la institución francesa con la Escuela de Ballet del Teatro Municipal de Santiago.

Karen ya había participado el año anterior en ese exigente programa de perfeccionamiento docente, por lo que conocía de primera fuente el nivel y la rigurosidad del proceso. “La Ópera de París es súper hermética. Todo se transmite por tradición oral, no hay nada escrito. Recibir correcciones directamente de profesores de la Opera de París es una oportunidad enorme”, explica. La mayoría de las clases son impartidas por maestros de trayectoria histórica, herederos de la escuela francesa que se remonta a Luis XIV y al origen mismo del ballet clásico.

Finalmente, tres estudiantes fueron seleccionadas para distintos cursos, dos de ellas pertenecientes a la Escuela de Ballet Municipal de Punta Arenas: Alejandra Monge Zúñiga, para el programa bajo el alero directo de la Ópera de París, y Esperanza Gutiérrez, para el curso general del Teatro Municipal de Santiago. Además, una de las alumnas, Anahí San Juan Contreras, de 16 años, obtuvo una beca que le permitió liberar el pago de inscripción. “Postulas, te seleccionan y normalmente tienes que pagar. Que una de las chicas obtuviera la beca fue muy significativo”, destaca Karen.

Para la profesora, más allá del viaje o del prestigio, lo relevante es el impacto formativo. “Son dos semanas súper intensivas. El 90% de las clases las hacen profesores de la Ópera de París. Recibir esas correcciones, entender las distintas escuelas, la línea rusa, pero siempre con el origen francés, es una experiencia formativa tremenda”, señala.

Hoy, Karen San Martín combina su trabajo pedagógico con proyectos de creación y memoria, como “Memorias en Movimiento”, desarrollado en un centro diurno con personas mayores de 70 años, donde la danza se transforma en vehículo de expresión, recuerdo y dignidad. Es, en el fondo, la síntesis de su trayectoria: una danza que no se encierra en el escenario, sino que dialoga con la vida.

Desde Punta Arenas, con frío, viento y distancia, Karen y sus estudiantes demuestran que la excelencia no depende del lugar geográfico, sino del compromiso, la formación y la convicción de que el arte -cuando se enseña con sentido- puede abrir puertas incluso hasta la Ópera de París.

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